El precio del aprendizaje empírico

La curva de aprendizaje en la perforación diamantina

Reza un dicho popular “nada es gratis en la vida”. A menudo lo asociamos con los costos económicos, probablemente porque la experiencia cotidiana, nos demuestra que incluso si tenemos sed, necesitamos comprar el agua o pagar por el agua que beberemos en el recibo mensual.  


Es un hecho. Sin embargo, ese dicho popular encierra algo más profundo que el simple costo económico y es una realidad, de que nada, aparece de la nada y de que todo en el universo, multiverso o como queramos verlo, es transformación de energía, causa y efecto o costo y beneficio, para el caso que estamos abordando. En ese sentido podemos considerar que el conocimiento siempre tiene un costo, no necesariamente económico, sino de consumo de recursos como el tiempo y lo recursos logísticos invertidos en el proceso de aprendizaje.


En nuestra sociedad actual todo es convertible a costos monetarios, entre ellos el tiempo. De manera que, si aprendemos por iniciativa, investigación propia, o de manera autodidactica, podríamos considerar que esos conocimientos adquiridos fueron gratuitos, cuando en realidad no lo fue. Siempre hay un tiempo que se invierte en la investigación, lectura o procesos de experimentación y esos tiempos significan costos. Por más que los libros leídos, sean prestados en una biblioteca pública, los materiales donados o regalados para el proceso de investigación, el tiempo usado en el proceso de aprendizaje implica una inversión en el auto sostenimiento. Comida, alojamiento, movilizaciones, higiene, etc., etc., siempre implican costos a cubrir de manera ineludible. Alguna vez, en una de las interacciones con uno de los estudiantes de la UNI, cuando hablábamos sobre el tema, me comentó lo siguiente: “Los investigadores en el Perú se mueren de hambre”, que en realidad es un sinónimo de que, si no tienes los recursos económicos para la investigación y la generación de conocimientos que promuevan el desarrollo, el fracaso está garantizado.

Los que trabajamos en la industria de la perforación diamantina, tenemos “la suerte” de aprender y adquirir los conocimientos de la profesión, directamente en los procesos de producción. Prácticamente nos pagan por aprender. Claro, aplicando la misma premisa, eso tampoco es gratuito. No es filantropía. Es generación y producción de valores tangibles que brinda, obviamente, las necesarias utilidades de las empresas contratistas; sin las cuales no tendrían razón de existir. Las empresas invierten necesariamente en estos procesos de aprendizaje de su personal y generalmente estos costos pasan por inadvertidos, porque en el proceso se generan las utilidades que los cubren. En otras palabras, es parte del modelo de negocio o parte de la relación costo beneficio de la empresa. 

Sin duda alguna, podemos afirmar que el proceso de aprendizaje en entornos de producción siempre genera costos a las empresas contratistas. Dicho de otra forma, todo programa de perforación implica un proceso de aprendizaje, más aún, en la industria de la perforación. Por lo tanto, sentadas las premisas, el asunto es, simplemente, identificar o estimar los costos reales del proceso y formularnos legítimamente, la pregunta de si siempre, en cada caso, resulta productivo apostar exclusivamente por este enfoque tan enraizado en nuestra industria.


Tomemos como ejemplo la quemada de una broca en el proceso de producción. Promovemos a uno de nuestros técnicos al puesto de perforista y quema su primera broca. Probablemente diremos, “bueno, estaba intentando hacer algo, eso pasa a veces, es parte del show”. Y lo que menos haremos en ese momento es hacer una evaluación económica, de cuanto nos costó que nuestro perforista promovido aprendiera “cómo se queman las brocas”. Podemos hacer un pequeño ejercicio. Para empezar el costo de la broca, que por mencionar una cifra pongámosle unos 500 USD, luego las horas de inversión en el proceso de carga y descarga de tubos, estabilización, etc. invertidos en el cambio. Sumemos a eso, consumo de combustible, costos invariables en las horas hombre empleadas, desgaste de herramientas adicionales en el proceso de enroscar y desenroscar los tubos de perforación. Si la quemada fue con plantada o atrapamiento de la tubería sumémosle las horas o turnos de rescate, más herramientas en fondo de pozo dañadas en el proceso. Si encima de eso, perdemos el pozo y el cliente no nos paga el pozo por cláusulas de contrato, podemos darnos cuenta de que los costos empiezan a dispararse exponencialmente, entre los 500 USD que pusimos como algo referencial, hasta decenas o centenares de miles de dólares. Alguien por ahí podría decir. “tranquilo, nuestras cláusulas de contrato nos protegen contra este tipo de eventos”. Perfecto, muy bien. Pero desafortunadamente, eso no anula los costos del proceso de aprendizaje empírico, si no que solo los trasladan del contratista al cliente o viceversa. El asunto es, que alguien tiene que asumir esos costos necesariamente. Como dijimos al inicio, nada es gratis.

Entonces, es legítimo hacerse preguntas como: ¿Y si mejor hubiéramos contratado un perforista con mayor experiencia? ¿Y si mejor hubiéramos realizado antes, una evaluación de los pro y contra de nuestra decisión? ¿Y si mejor esos 500 USD del costo de la broca, los hubiéramos invertido en capacitar al personal, antes de promoverlo a una posición crítica?

Sea cual fuera la decisión que podamos tomar a este respecto, los cierto es que no podemos librarnos de los costos del aprendizaje empírico, metódico, técnico o científico si fuera el caso. 

Apenas mencionamos un ejemplo, la quemada de una broca, que es parte del proceso que se repite generación tras generación, no necesariamente indispensables. Las actividades de perforación diamantina han demostrado su complejidad en numerosos proyectos, con costos muy variables por decirlo de manera más elegante. Si mencionamos o empezamos a ver la larga lista de ejemplos de costos involucrados en diversos aspectos del proceso productivo, en las operaciones de producción, terminaremos de entender el real costo de todo proceso de aprendizaje.


Está demostrado que se pueden evitar estos costos y acortar las curvas de aprendizaje. Claro está que el aprendizaje empírico ha demostrado también tener en muchas ocasiones su aspecto productivo y rentable, de lo contrario, la industria sería insostenible. Sin embargo, es bueno precisar que también es una de las causas en el mercado, del surgimiento de empresas y el ocaso de otras, inevitablemente. 

Ahora, estos escenarios, también son susceptibles de ser abordados desde diferentes ángulos. Lo invariable de cualquier abordaje siempre serán los resultados operativos del programa o proyecto de perforación en términos técnicos, de recuperación de esa valiosa información contenida en los testigos de perforación (precisando siempre, al margen de si esa información determinará la apertura o el abandono de un proyecto minero de exploración), al margen igualmente, de los otros factores involucrados en la apertura de los proyectos mineros tan necesarios para nuestra sociedad.  

 
Por lo tanto, podemos concluir, que todo proceso de aprendizaje conlleva necesariamente un costo. Que los perdamos de vista o pase desapercibido, es otra cosa. Lo interesante es evaluar qué tipo de costos estamos dispuestos a asumir. Aprender de los errores propios es la forma más dura de aprender. Aprender de los errores ajenos, es la forma más inteligente de hacerlo y quizás, la manera más económica y productiva. Cuando leemos un manual, cuando nos capacitamos o estudiamos materiales bibliográficos de nuestra profesión; estamos aprendiendo de los errores que muchos otros ya lo pasaron. A veces, es muy necesario, aprender de la experiencia directa. Pero la repetición de los mismos errores, generación tras generación, no es la forma más productiva ni económica de operar. Optar por los métodos más económicos, es un paso hacia la mejora de las eficiencias operacionales en la industria.

César Meléndez Ramos


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